Automatización y agente no son lo mismo
Una automatización simple sigue un camino que ya conocemos: recibe un dato, aplica una regla y entrega un resultado. Un agente recibe un objetivo, elige los pasos y usa herramientas para cumplirlo. La diferencia práctica está en quién decide: en el primer caso decide el proceso que dibujamos nosotros; en el segundo, decide el modelo en el momento de ejecutar.
Cuándo un agente tiene sentido
Tiene sentido cuando el camino no es fijo pero el objetivo sí. Clasificar correos y responder los que se pueden responder, buscar información en varios sistemas para armar un informe, o revisar una solicitud y derivarla con un resumen. En los tres casos la persona sabe describir qué quiere obtener y no le importa que el orden de los pasos cambie según el caso.
Los riesgos que hay que acotar antes
Un agente que decide necesita límites explícitos. Definimos siempre tres: qué herramientas puede usar y cuáles no, qué acciones requieren aprobación humana antes de ejecutarse y hasta dónde puede gastar. Además hay que registrar cada paso que da, porque un agente que no se puede auditar tampoco se puede corregir.
Cómo partir sin romper la operación
Empezamos con el agente en modo lectura: observa, propone y no ejecuta. Durante unas semanas comparamos sus propuestas con lo que hace el equipo humano. Cuando el porcentaje de coincidencias es alto, se le permite ejecutar las acciones reversibles y se mantiene la aprobación humana en las que no lo son. Así el equipo gana confianza con evidencia y no con presentaciones.